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Marrakech
RESEÑA HISTORICA
La ciudad faro de los almorávides en el s.XI dio su nombre a Marruecos y continúa hoy perpetuando su magia. Oasis a las puertas del desierto, joya al pie del Atlas, eterna como las nieves de las cumbres más altas, Marrakech es la deslumbrante y soberbia capital del Sur. Todo converge hacia la plaza de Jemaa el Fna. Músicos, bailarines, curanderos, escritores públicos, contadores de historia, encantadores de serpientes, vendedores de pociones y granos tostados, que ofrecen un deslumbrante espectáculo. Cuando se encienden los quinqués y las estrellas, los figoneros se instalan, los aromas de las carnes asadas, de los cuscús, de la harira y de los buñuelos llenan el aire de la noche. En la medina continúa el espectáculo. Con sus zocos, laberintos de sombra y de luz ramificados hasta el infinito bajo las glorietas de rosales. Festival marroquí de colores, sonidos y olores de azafrán, comino, gengibre, verbena y clavo, que invitan a seguir el ritmo de la multitud, a penetrar todavía más el laberinto. De pronto al doblar, una estrecha callejuela por una puerta entreabierta, se descubre un palacio con un amplio patio, donde fluye un surtidor de murmullo armonioso. Quizás es el Palacio de la Bahía, que se alza sobre unos jardines perfumados de jazmín y naranjos, o el de Dar Si Said, hoy Museo de las Artes Marroquíes.

Todo es digno de ver en Marrakech: la belleza fría y muda de las tumbas saadianas, la Medersa de Ben Youssef, los majestuosos vestigios del Palacio de El Badii construido por Ahmed El Mansour con los materiales más preciosos: oro, ónice, mármol de Italia, cambiados por su peso en azúcar....La visita a los jardines proporciona una ocasión soñada para recorrer la ciudad en calesa, el Jardín de la Villa Majorelle, donde abundan los bambués gigantes, las yucas, cipreses y buganvillas y gorjean alegremente pájaros de todas clases. La Menara y su pabellón, que contempla sus proporciones perfectas en las aguas tranquilas de su estanque, un cuadro inolvidable bajo el sol del atardecer. El deambular por los zocos es una maravillosa fiesta de los sentidos, el placer se multiplica si se plantea como objetivo del paseo la elección de un anillo, una espada, una alfombra...para participar verdaderamente de la vida del zoco, hay que someterse a los tres rituales: codiciar, regatear, alrededor de un té a la menta y adquirir. El Palmeral y sus 13.000 hectáreas de palmeras, naranjos, olivos y manzanos. Defendida por sus inmensas murallas de color ocre, vigilada desde hace 800 años por su orgullosa Koutoubia, faro espiritual desde donde cada mañana la llamada del muecín resuena despertando a la ciudad, Marrakech conserva intacta su capacidad de deslumbrar.

Aquí se mezclan los beréberes y los árabes, aquí convergen los nómadas y los montañeses, abundan las mercaderías, florece la artesanía, se alzan palacios, hoteles, restaurantes, casino, golf... Marrakech es por derecho propio, la capital del Sur de Marruecos.